Escucha

Disonancia cognitiva

Cuando me veo al espejo (que no ha sido mucho desde hace poco más de siete días) no puedo sostenerme la mirada. 

Si alguna vez se han preguntado: "¿Cómo puedo joder la mejor oportunidad laboral de mi vida?" pueden contactarme. Soy una Máster en eso. 

La verdad es que las palabras condescendientes de la mayor parte de las personas no me hace sentir ni tantito mejor... las palabras sabias y ecuánimes de una de mis amigas me tranquilizan pero, aún es muy pronto para decir que realmente me brindan consuelo. Lo jodí. Y es así de claro, tajante y cruel. Lo peor, es absurdo. Apenas hacía algunas semanas que había escrito un cuento corto en el cual, tras un profundo análisis psicológico (aclaro, no soy psicóloga pero es claro que el cuento ha sido un ejercicio útil para la liberación de ideas atascadas en mi psique y en algunas ocasiones muy reveladoras) había comprendido algo muy interesante: cómo me anulo con las personas que me rodean. Nunca debí olvidar mi cuento,  me lo hubiera llevado conmigo  a aquel viaje exploratorio. No me costaba nada cargarlo en mi dispositivo móvil nuevo (que me animé a comprar con la firme idea de que lo terminaría de pagar muy pronto con mi nuevo sueldazo ). Me habría recordado mucho que debía tomar las decisiones yo sola sin la influencia de nadie más, que debí haber zarpado sin tripulación.




Tomé un barco que aparentemente navegaría firme, tranquilo y  fuerte y me asumí somo capitán. Había revisado una y otra vez las coordenadas a seguir para llegar al destino y cumplir el objetivo, las compartí con el segundo a bordo. Cuando llegó la tormenta y entonces comenzó a entrar agua en cantidades industriales por cada recoveco de la estructura, todo se puso negro. Miré a mi subalterno esperando ver serenidad y apoyo en su rostro, pero lo único que vi fue lo mismo que empezaba yo a experimentar: rabia, impotencia, angustia... y entonces, la pregunta de mi madre días atrás "¿es seguro?", los comentarios que escuché mientras me capacitaban "un comando armado entró..." y más que provenía de todos lados: "estamos orgullosos de ti", "y ¿Quién se va a ocupar de Candy?, se pondrá muy triste si la dejas", "¿ya tienes todo listo?", "empaca las cosas de una vez hay que pescar el lugar donde te vas a quedar", ¿"cómo vas con la mudanza?" se empezaron a agolpar llenando las cámaras de la embarcación, lo hacían inclinarse hacia uno de los lados... "¿me vuelvo donde inicié? ¿Qué hago ahora? ¿por qué me pasa esto a mi?" mientras que el otro lado tenía las opciones: "ok, no pasa nada, ya ando aquí pero entonces espero que me resuelvan", "ok, entiendo, pues sólo deja hago unas llamadas y pido detengan todo allá y mientras sabemos cómo evoluciona todo, gracias por avisar". Miré a mi subalterno, su enojo era evidente y su presión sobre el tiempo de regreso a casa me quitó la respiración por un momento... no se oxigenaron bien mis neuronas y me convertí en un capitán débil, tratando de sacar el agua de la embarcación con las manos mientras ésta entraba a torrentes por todos lados... y entonces nos comenzamos a hundir... El naufragio duró tres días. Al tercero, cuando parecía que todo había acabado, pasó un pequeño buque, ofreciendo nuevamente la oportunidad de llegar al puerto y destino... pero la idea de que no era justo lo que "me habían hecho" y de que las cosas no habían acontecido como lo había planeado, la victimización y el apego exacerbado por todos los pensamientos acumulados en mi cabeza terminó dañando más mi entereza y entonces, la estructura del barco crujió una última vez y nos hundimos.  Oficialmente a las 13:00 horas de ese jueves el buque de salvamento ya se había alejado sin posibilidades de retorno, en el camino recogió a alguien más que tuvo la audacia de subirse en él y llegar al destino que tanto había yo anhelado y que por la emocionalidad momentánea desbordada había rechazado no una, no dos, sino tres veces...

Yo no entiendo a esas personas que dicen que no se arrepienten de nada en la vida. Yo si me arrepiento y viviré con ello el resto de mi vida. Eduardo Calixto twitteó ayer lo siguiente: "mucho de nuestro arrepentimiento en la vida tiene una raíz simple: el enojo entre lo que se quería hacer y haber hecho lo que otros esperaban que se hiciera". La disonancia cognitiva se apoderó de mí al momento de la tormenta. Resultado: malas decisiones. Por cierto, decisiones definitivas basadas en emociones temporales. Gravísimo error.

¿Qué relación tiene todo esto? Pues por más que creía tener la certeza de lo fuerte y objetiva que podía ser y de lo poco que me interesaba lo que los demás pensaran acerca de mis decisiones, al final de cuentas, en el momento de la tormenta, las únicas cosas que venían a mi cabeza era justo eso, todos los comentarios y preguntas que los demás hicieron respecto de la oportunidad laboral ( dentro de las cuales se atrevieron a manifestar sus miedos más grandes después de la primera racha de vientos huracanados que interrumpió -por tiempo indefinido- la posibilidad de ingresar a esa institución) y que permearon en mí... me impregné de todas esas palabras y emociones que ni eran mías y tomé una pésima decisión. 

El aprendizaje más grande con esta experiencia aún no lo sé; quizá tengan que pasar meses o años para poder verlo y aceptarlo. De momento lo único que puedo entender es que hay tres cosas que una vez que pasan no regresan jamás: las palabras, el tiempo y las oportunidades. Yo dejé pasar los tres (consulten las bases para convertirse en Máster del autosabotaje). Debo comenzar a ser más firme e imponerme. Si voy a ser la capitana lo voy a ser siempre y si alguien se quiere imponer lo lanzaré de la embarcación por la borda sin importar si se trata de mi madre o de mi "mejor amigo". Estamos solos en este mundo y nos vamos solos, ¿por qué carajos tenemos que hacerles tanto caso a lo que digan o piensen? ¿por qué les di ese poder? ¿por qué me he anulado tanto?. 



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