Camila
...Fué hace unos cuantos años ya, mientras cursaba el segundo año de la preparatoria... indecisión, frustración, depresión, confusión... me encontraba perdida, sumida en una sensación de enojo diario, impotencia y soledad... era una época muy difícil para mí... y entonces la encontré... Camila.

Cuando había pasado más tiempo, Camila pareció superarlo y siguió con su vida... había vuelto.
Yo salí de la preparatoria e ingresé a la Universidad, por lo tanto ya no la veía con tanta frecuencia... pero procuraba visitarla de vez en cuando, cosa que a ella le alegraba igual que a mí.
Puede resultar tonto para muchos, pero yo le hablaba a Camila de mis cosas, mis impresiones de mi nueva vida, de cómo me sentía y ella parecía entenderme...
Pero un día, fatídico día... fui a casa de mi abue a verla... y encontré a Camila tendida sobre la banqueta... le hablé como de costumbre, pero no se podía levantar... sólo sé que reconoció de inmediato quién la llamaba porque agitó con fuerza repetidamente su colita... y me miró como suplicante... con esa mirada de auxilio...Me acerqué, y observé un poco de alimentos chatarra a su lado... y entendí... alguien había envenenado a mi amiga y ahora ella estaba agonizando... Las lágrimas corrieron por mi rostro... me acerqué a tocarla... a tranquilizarla... la pobre se convulsionaba en medio de su vómito... Pobrecita!!! entré corriendo a casa de mis abuelos y les conté lo que sucedía afuera... indignados salieron detrás mío... no sabíamos quién era el autor intelectual de tal crimen... maldito sea mil veces!!! pensé. Pensamos que el final había llegado, porque Camila se quedó muy quietecita después de muchas sacudidas violentas... nos retiramos a casa, muy tristes y con lágrimas en los ojos... Más tarde que salí de casa de mis abuelos, pasé nuevamente a su lado... y ella reaccionó de la misma manera que más temprano lo había hecho... no lo podía creer... en estos casos, lo preferible sería que ella ya hubiera muerto... pero la pobre seguía agonizando... traté de tranquilizarla nuevamente pero no podía hacer más... Qué dolor tan grande verla de esa manera...
Camila murió... su agonía fue muy prolongada... sufrió demasiado... una persona malvada la envenenó y quitó de mi lado a esa bella criatura que me salvó en muchos sentidos de perderme por completo en esa soledad que cada vez más me devoraba...
Desde aquí, recordando y queriendo siempre a Camila... esos amigos entrañables, que vagabundean por este mundo y que llegan a nosotros siempre por una poderosa razón... hacernos más felices y ser felices ellos...
... me contaron que llegó con más amigos a la calle donde vive mi abuelita... pero a todos se los llevaron... y ella quedó solita... desamparada... quizá esa fué la razón por la cual ella y yo tuvimos que conocernos... nunca lo sabré, pero guardo uno de los más bellos recuerdos de una amiga muy querida...
Sus ojillos brillantes y suplicantes de cariño y atención me ganaron por encima de cualquier cosa, incluso de mi enojo y confusión... una tarde que salí a la calle, ella meneó su cola de alegría... se acercó a mi y buscó mi mano para que la acariciara... ahí surgió una simpatía mutua que duró cerca de dos años... Era un ejemplar único, tan bello detrás de ese sucio aspecto, había un ser muy especial, agradecido, cariñoso, y muy simpático. Su pelo era de un color café amarillento... sé que era un espécimen de extrema corrientura como solían decirme, pero yo veía en ella a la amiga que había llegado para alejar de mí esa sensación de soledad...
Cuando subía por la empinada calle donde vivía mi abue, y en la cual también estaba mi escuela, ella salía de debajo de la camioneta de mi abuelo y me acompañaba a la puerta de la escuela.. donde aguardaba hasta que yo entrara a la Prepa... siempre era así... sobra decir que Camila se ganó el corazón de muchos de mis amigos, y el de mi familia también...
Al poco tiempo, nos percatamos de que estaba preñada. Dió a luz a unos 5 o 6 perritos, en un día lluvioso y cruel para seres tan indefensos como ellos. Recuerdo que elaboré una casita de cartón y plástico para ellos... los alimentamos. No olvido la mirada de agradecimiento de Camila, o al menos eso me pareció que quería decirme... crecieron sus cachorros y fueron arrancados de su lado por los transeúntes, o los mismos vecinos...y sólo quedó una pequeña a su lado. Fui testigo de muchas expresiones de protección y cariño de Camila hacia sus cachorritos, y de ellos hacia nosotros, en lo particular, seguían teniendo la costumbre de acompañarme a las puertas de la escuela cada mañana...cambió mucho mi percepción hacia seres como ella...
Pero, la desgracia se presentó en la vida de Camila y en las nuestras... su pequeña fue atropellada... y Camila parecía desorientada, triste, desesperada por hacer que su beba se levantara una vez más... me rompe el corazón el recuerdo de este suceso... Camila fue presa de una locura que yo nunca imaginé ver en un animal, la tristeza por la pérdida de su hijita... no quería comer, no hacía caso cuando se le llamaba, no hacía nada más que permanecer recostada, con la mirada perdida...
Cuando había pasado más tiempo, Camila pareció superarlo y siguió con su vida... había vuelto.
Yo salí de la preparatoria e ingresé a la Universidad, por lo tanto ya no la veía con tanta frecuencia... pero procuraba visitarla de vez en cuando, cosa que a ella le alegraba igual que a mí.
Puede resultar tonto para muchos, pero yo le hablaba a Camila de mis cosas, mis impresiones de mi nueva vida, de cómo me sentía y ella parecía entenderme...
Pero un día, fatídico día... fui a casa de mi abue a verla... y encontré a Camila tendida sobre la banqueta... le hablé como de costumbre, pero no se podía levantar... sólo sé que reconoció de inmediato quién la llamaba porque agitó con fuerza repetidamente su colita... y me miró como suplicante... con esa mirada de auxilio...Me acerqué, y observé un poco de alimentos chatarra a su lado... y entendí... alguien había envenenado a mi amiga y ahora ella estaba agonizando... Las lágrimas corrieron por mi rostro... me acerqué a tocarla... a tranquilizarla... la pobre se convulsionaba en medio de su vómito... Pobrecita!!! entré corriendo a casa de mis abuelos y les conté lo que sucedía afuera... indignados salieron detrás mío... no sabíamos quién era el autor intelectual de tal crimen... maldito sea mil veces!!! pensé. Pensamos que el final había llegado, porque Camila se quedó muy quietecita después de muchas sacudidas violentas... nos retiramos a casa, muy tristes y con lágrimas en los ojos... Más tarde que salí de casa de mis abuelos, pasé nuevamente a su lado... y ella reaccionó de la misma manera que más temprano lo había hecho... no lo podía creer... en estos casos, lo preferible sería que ella ya hubiera muerto... pero la pobre seguía agonizando... traté de tranquilizarla nuevamente pero no podía hacer más... Qué dolor tan grande verla de esa manera...
Camila murió... su agonía fue muy prolongada... sufrió demasiado... una persona malvada la envenenó y quitó de mi lado a esa bella criatura que me salvó en muchos sentidos de perderme por completo en esa soledad que cada vez más me devoraba...
Desde aquí, recordando y queriendo siempre a Camila... esos amigos entrañables, que vagabundean por este mundo y que llegan a nosotros siempre por una poderosa razón... hacernos más felices y ser felices ellos...


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